Los efectos del confinamiento en niños: cómo manejar una situación inédita

Los efectos del confinamiento en niños: cómo manejar una situación inédita

El confinamiento en casa para contener la epidemia del nuevo coronavirus supone afrontar una situación inédita para todo el mundo, pero especialmente delicada para algunos colectivos, como los menores. Niños y niñas ven cómo el día a día se ha transformado, quizá sin comprender bien lo que está sucediendo. ¿Cómo deben manejar la situación padres y madres? ¿Cambian las normas? ¿Cómo organizar el tiempo? ¿Qué información darles?


Mónica Fernández, psicopedagoga, orientadora familiar y colaboradora del programa 12 MESES CUIDÁNDOTE del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), está recibiendo muchas consultas en estos días. En una entrevista concedida a DiCYT, explica algunas de las claves sobre cómo llevar mejor el encierro en casa. “Para los niños es gran un cambio de sus normas y sus rutinas. De repente todo es diferente y no entienden nada. No obstante, son muy adaptables y no tienen una conciencia del peligro al que nos estamos enfrentando”, explica.


La primera gran clave es la sensación que los padres transmiten a sus hijos. “Lo que más les influye es el nerviosismo que se está viviendo en general, el estado anímico de las familias se ve totalmente reflejado en los niños”, asegura la experta. Esa “transferencia emocional” hace que muchos reclamen atención en tareas que ya hacían de manera autónoma, como bañarse; que no quieran dormir solos; o que comiencen a chuparse el dedo y a morderse las uñas. En los más mayores, las consecuencias son la irritabilidad, los cambios de ánimo o el desafío a las tareas que les imponen.


La sensación de control es un factor fundamental, porque los niños están acostumbrados a que sus padres, pase lo que pase, saben lo que hay que hacer. “Lo que más ayuda es transmitirles una sensación de confianza, aunque muchos no la tenemos. Tú le puedes decir a tu hijo que también estás asustada, pero que podéis hacer cosas para solucionarlo juntos y que esto pasará. Si el niño reconoce que su madre está asustada, no tendrá dificultad para expresar sus emociones y esto es clave, darle un espacio para expresar lo que sienten”, afirma.


En cambio, “si les decimos que no pasa nada y con nuestras acciones nos estamos contradiciendo, ellos entienden que pasa algo y no se quedan tranquilos. Por mucho que le digas que no pasa nada, el niño no escucha tus palabras, sino tu tono, tu lenguaje gestual”.

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